
Los líderes y los emprendedores deben de tener una característica básica -entre otras- que es la confiabilidad. Si no inspiramos confianza en los demás con nuestros actos y nuestros compromisos, no lograremos los objetivos deseados. Esto también aplica en nuestras familias, si los líderes (padre y madre) no son confiables, nuestros hijos, familia y amistades no nos tomarán en serio. Esta óptica de analizar la confiabilidad, nos abrirá los ojos con ideas vistas bajo otra óptica.
Escucha este miniclip de audio y te llevarás seguramente un par de ideas aplicables YA! Confiabilidad
Retratos de Mujer: Ni Víctimas, Ni Victimarias…

En estos días dedicados especialmente a la mujer, es común tener información acerca de estadísticas y datos que confirman la situación del género femenino en México. Si bien, todas aparentemente muestran algún avance en los últimos años en temas de equidad, oportunidades y remuneración, el panorama que se aprecia aun es bastante dramático y triste.
Una forma arraigada de tratar los temas de mujeres es a través de mostrar nuestras desventajas ante el sexo masculino, retratándonos como discriminadas, indefensas, reprimidas por las tradiciones y castigadas por la historia, en resumen, como víctimas.
Este “retrato” ha dividido a las mujeres y nos ha forzado a tomar diferentes posiciones, ya sea a identificarnos con esa imagen desfavorecida, adoptando la posición de víctimas, o bien, a tomar otro frente de batalla y luchar toda nuestra vida con argumentos feministas, para no parecernos a los hombres, ni por error.
Todo tiene un precio, y el que estamos pagando las mujeres es probablemente muy alto:
- Nos canibalizamos, adoptando posiciones misóginas, aunque parezca absurdo, el menosprecio y la aversión que sentimos por las “liberales” o las “pobres” amas de casa lo confirman.
- Perdemos credibilidad Al utilizar las “debilidades” de nuestro género como ventaja, tal como en casos como el de Kalimba, o lo comprobamos con nuestras amigas en procesos de divorcio, quienes manipulan la custodia de los hijos y sacan ventaja de la protección de la ley, abusando de los acuerdos.
- Tenemos todos los síndromes, el Síndrome de Wendy por proteger al hombre inmaduro y que no quiere crecer “Peter Pan”, permanecemos atrapadas eternamente en el país de Nunca Jamás. El Síndrome de La Doble Jornada: porque llegamos a nuestras casas a invertir otras 50hrs semanales, después de nuestro horario laboral, quedando exhaustas y vacías. El Síndrome de la Súpermujer, por generar expectativas de perfección inalcanzables en todos los roles que tenemos, sin ser conscientes que en el intento, “castramos” a nuestras parejas y vivimos eternamente frustradas porque al final fue eso, solo un intento. Síndrome de Cenicienta, Síndrome de La Abeja Reina, Síndrome de La Mujer Maltratada, y una innumerable serie de síndromes que nos aquejan.
- Luchamos la guerra de los sexos, no sólo hemos generado enfrentamientos con el sexo masculino, defendiendo argumentos aprendidos, lo más triste es que ahora somos sordas y no escuchamos a los hombres. Los hemos excluido radicalmente cuando queremos abordar temas femeninos, cuando son ellos quienes tienen un lugar determinante en esta búsqueda de la equidad.
Lo importante ahora, es cambiar ese retrato, generar una imagen de la mujer que no provoque una cómoda limitación y que tampoco nos haga salir corriendo. Es momento de plantear la realidad femenina en otros términos.
Concentrémonos, en ir más allá de las opiniones y tomemos tres sencillas acciones y compromisos:
- Cambiemos la forma de expresarnos, nuestro propio lenguaje, dejemos en segundo plano la discriminación y empecemos a plantear como prioridad el potencial femenino. Hablemos en términos de responsabilidad; intercambiemos “ayuda para la mujer” por tal vez “acompañamiento de mujeres”. Programas, documentos, estadísticas, talleres, conferencias podrían estar basados en una misma premisa: Que las mujeres somos responsables de nuestras propias decisiones y que tenemos, en mayor o menor medida, recursos para cambiar la propia realidad.
- Hagamos partícipe a la voz masculina, involucremos a los hombres en nuestros planteamientos, porque podemos utilizar nuestras diferencias para construir soluciones integrales, los grandes autorretratos se realizaron gracias a un espejo.
- Aceptémonos como seres interdependientes, ya pasaron los tiempos de luchar por los hombres, o contra los hombres. Ahora es tiempo de construir una nueva cultura femenina con ellos y con ellas, es tiempo de dejar de competir.
Un retrato de la mujer, basado en la responsabilidad y en el desarrollo de su potencial, consciente de su interdependencia y abierta a la voz masculina.
¡Ni Víctima, Ni Victimaria!…este retrato permitiría la identificación de todas las mujeres, sin luchas ni divisiones y con una visión de crecimiento… finalmente. ¡Eso es Equidad!
¡¡ Feliz Dia de la Mujer !!
Les desea su amiga
Lizbeth Escárcega
Psicóloga Social, especialista en intervención en crisis, conferencista y entrenadora en temas de desarrollo humano, fundadora del proyecto “Mujeres en Crisis” y Directora de Coaching y Human Care en ARIVA life & business Coaching
Desayuno-Conferencia para Celebrar el día de la Mujer!!
El duelo por un hermano!!
Programa ” Luz sin Fronteras” TV Sintesis Canal 21 Tijuana
El duelo que se vive cuando un hermano muere en nuestra familia, generalmente se lleva en silencio, es necesario aprender y educarnos en duelo para que podamos utilizar asertivamente nuestras capacidades para sanar…
Les invito a conocer el testimonio de la Srita. Diana Santaelices, quién perdió a su hermano trágicamente, pero gracias a su voluntad por ayudar a sus padres, ella misma encontró el sentido para sanar su dolor….
Con un importante mensaje para los padres, que están pasando por esta experiencia.
Para ver el video pulse aquí: El duelo por un hermano
Amor, Paz, Sabiduría y Consuelo para todos!!
Lilith: la primera mujer de Adán
Según consta en la literatura hebrea, Lilith fue la primera esposa de Adán. En sumerio, la palabra “Lil” significa “Aire.” El término más viejo relativo a Lilith sería la palabra sumeria “Lili” (plural “Lilitu”), que parece inferir la misma definición que nuestra palabra “espíritu”. En muchas culturas antiguas, la misma palabra para “aire” o “aliento” era usada para “espíritu.”
Lilith estaba hecha con arcilla, igual que él. Era hermosa y libre. Adán y Lilith nunca encontraron la paz juntos, pues cuando él quería acostarse con ella, Lilith se negaba, considerando que la postura recostada que él exigía era ofensiva para ella. ¿Por qué he de recostarme debajo de ti? – preguntaba – Yo también fui hecha de polvo y, por consiguiente, soy tu igual”…
La salida del Paraíso
Lilith no obedeció la orden de sumisión que le impusieron; pensaba que era igual a su marido, que tenía los mismo derechos que él porque habían sido creados con el mismo barro, no se sentía inferior, ni débil, ni dependiente. Era una mujer íntegra y como tal quería gozar, al igual que Adán, de la vida y de todo lo que ésta implicaba, incluidos la sexualidad y el erotismo.
Cansada de que Dios no atendiera sus reivindicaciones, decidió abandonar el Paraíso, antes que someterse y renunciar a sí misma. Invocó el Nombre de Dios, innombrable en toda la tradición judía, por considerar que el Nombre verdadero de cualquier ser contiene las características de lo nombrado, y por lo tanto es posible conocer su esencia y adquirir poder sobre ello. Pronunciar el nombre de Dios se convierte, pues, en una osadía suprema, un acto de soberbia mucho mayor que el de hacer directamente oídos sordos ante sus mandatos; algo, en fin, demasiado grave. Abandonó volando el Paraíso con unas alas que el mismo Dios la dio (de ahí su semejanza con los súcubos).
Luego tomó residencia en una cueva en las costas de Mar Rojo, donde hasta estos días se encuentra según la leyenda. Ella acepta a los demonios del mundo como amantes, y desova muchos miles de niños demonio, fue llamada Madre de los Demonios, —esposa de Asmodeus, el Rey de los Demonios.
Adán, mientras tanto, halló que él lamentaba la partida de Lilith. Fue con Yahweh y expuso su caso pidiendo el retorno de Lilith. Yahweh concordó que una criatura del Edén no debería partir tan fácil del reino, y dispuso tres ángeles para recobrarla.
Estos tres, Senoy, Sansenoy, y Semangelof, pronto encontraron a Lilith en su cueva y le exigieron su retorno con Adán por órdenes de Yahweh. Si se reusaba, le informaron, matarían a un ciento de sus hijos demonios cada día hasta que decidiera regresar.
Lilith exclamó que incluso esta suerte era mejor que regresar al Edén y a la sumisión a Adán. Tan pronto como los Ángeles cumplieron su amenaza, Lilith también hizo una terrible proclamación. En respuesta por el dolor infringido, mataría a los hijos de Adán. Juró atacar a los niños, e incluso a sus madres, durante el nacimiento. Juró también que los recién nacidos estaban en peligro de ser objeto de su ira, las niñas por veinte días y los niños por ocho. No solo esto, sino que también atacaría a los hombres en su sueño, robándoles su semen para dar nacimiento a más niños demonio, que reemplazarían a esos asesinados cada día.
Ante la negativa de Lilith de regresar con Adán, Dios decidió dar una nueva compañera a su creación pues proclamo que “No es bueno que el hombre esté solo”, creó a Eva a partir de una de sus costillas, y por lo tanto sumisa al hombre.
Lilith como Reina de los Vampiros
A partir de esta narración, a Lilith se le ha considerado la reina de los súcubos (demonios femeninos), por alinearse en el bando enemigo de Dios al marcharse del Paraíso. Y de ahí se ha pasado a suponerla una perversa ninfómana, que seduce a los hombres con maestría para estrangularlos después. Algunas tradiciones cuentan, que entre el cabello de Lilith se encuentran, enredados, los corazones de los jóvenes que sucumbieron a su hechizo.
Esa condición diabólica de Lilith le ha llevado a ser también la Reina de los Vampiros. No sólo mantiene relaciones sexuales con hombres a los que después asesina, sino que también se alimenta de su sangre. Es en esa encarnación donde Lilith se asimila a diferentes divinidades y monstruos femeninos presentes en la mitología clásica: Lamia, Empusa y las lamias, hijas de Hécate, diosa de la brujería; las harpías y las estriges, también macabras visitantes nocturnas; las harpías, ayudantes de las erinias o furias; las moiras o parcas, las grayas y las gorgonas, siniestras ancianas habitantes de los infiernos. En todas estas figuras se repiten las alusiones a muerte de hombres y niños.
Otras referencias mitológicas afines a Lilith se pueden encontrar en la Brunilda de los Nibelungos, o en la diablesa babilonia Lilu. La misma Reina de Saba de Salomón es un trasunto de Lilith. Etimológicamente viene del hebreo layil, (noche), y aparece representada como un demonio nocturno peludo o como una mujer de cabellos muy largos.
En la Biblia aparece una fugaz alusión a Lilith. En Isaías 34,14 se explica con todo detalle cómo Dios con su espada mata a todos los habitantes de Edom, lugar poblado por enemigos acérrimos de los judíos, y que allí quedan como dueños y señores los animales. Buitres, serpientes… y Lilith. “También allí Lilith descansará y hallará para sí lugar de reposo”. Lilith ha sido traducido por lechuza o ardilla, evitando toda referencia a la figura precedente de Eva. En nota al pie se hace constar: “Los hebreos creyeron que significaba un ser diabólico, en forma femenina, noctívago, espantajo de la fantasía popular”.
Las variaciones del mito llevan a Lilith a convertirse en seductora de los propios hijos de Adán y Eva (abordando a Caín con palabras de consuelo y reposo tras la muerte de Abel), o a asimilarla con la propia serpiente del Paraíso dando cuerpo de serpiente mientras Satán daba cara humana y la voz que sedujo a Eva (como en los frescos de Miguel Ángel de la Capilla Sixtina). Un relato de Primo Levi nos recuerda que Lilith es la amante del mismo Dios creador, y que vive en el Mar Rojo comandando una corte de demonios. Y otra tradición afirma que Samael, luego Satán, el ángel caído, se convierte en pareja de Lilith, e incluso que juntos seducen a Eva para que engendre a Caín.
¿Interesante mujer no lo creen?
Psic. Hugo Harrell



